¿Igualdad o exclusión? La “Feminiteca” de Ocotlán y la discriminación normalizada contra niños

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Presentada por el Gobierno Municipal como un hecho “histórico”, la inauguración de la primera “Feminiteca” de México ha generado un intenso debate público. El espacio, diseñado exclusivamente para niñas y equipado con computadoras y tabletas, fue anunciado como una política orientada a promover la igualdad sustantiva, prevenir violencias y fortalecer el bienestar de niñas y adolescentes en el entorno escolar.

Sin embargo, más allá del discurso oficial, la iniciativa ha abierto una discusión incómoda pero necesaria: ¿puede considerarse incluyente una política pública que excluye de manera explícita a los niños varones?

Exclusión bajo el discurso de igualdad

La Feminiteca parte de una premisa que ha sido ampliamente cuestionada: la exclusión preventiva de niños por razón de género, bajo la idea implícita de que su sola presencia podría representar un riesgo. Esta lógica, lejos de erradicar la violencia, normaliza una narrativa que asocia a los niños con una amenaza potencial, no por su conducta individual, sino únicamente por su condición de varones.

Desde esta perspectiva, se restringe el acceso de niños a tecnología, espacios educativos y oportunidades de desarrollo, vulnerando el principio básico de igualdad ante la ley y contradiciendo los fundamentos de una política pública verdaderamente incluyente.

Violencia: un problema social, no biológico

Especialistas en derechos de la infancia han advertido que la violencia no es un rasgo biológico, sino un fenómeno social que se reproduce o se previene a través de la educación, el entorno y la convivencia. Tratar a los niños como agresores en potencia no sólo carece de sustento, sino que puede resultar contraproducente.

Bajo este esquema, se corre el riesgo de estigmatizar desde la infancia, reforzando roles y prejuicios que lejos de disminuir la violencia, pueden alimentar resentimientos, exclusión y fracturas sociales.

El mensaje que se envía a la infancia

La separación de espacios educativos por género transmite un mensaje preocupante: que algunos niños merecen protección y oportunidades, mientras otros deben ser aislados o vigilados por lo que “podrían llegar a ser”. Este tipo de políticas, advierten especialistas, puede afectar el desarrollo emocional y social de los menores, además de debilitar valores fundamentales como la empatía, la corresponsabilidad y el respeto mutuo.

Lejos de fomentar la igualdad, la exclusión temprana puede consolidar una discriminación institucionalizada, ahora validada desde el discurso oficial.

¿Cuál es la alternativa?

Si el objetivo real es prevenir violencias y construir una sociedad más justa, el camino parece claro:

espacios seguros e incluyentes para niñas y niños, programas de educación emocional, formación en igualdad, respeto y resolución pacífica de conflictos, y políticas públicas que promuevan la convivencia, no la segregación.

La protección de las niñas no debería implicar la exclusión de los niños. La igualdad sustantiva no se alcanza separando, sino educando y acompañando a toda la infancia.