“Uay, nené”: Promesas de luminarias… ¿para vecinos o para fantasmas?

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En la colonia El Roble, la diputada Clara Rosales protagonizó una escena digna de la política tropical: promesas de luminarias con solo “dos firmita’ y buena voluntad”. Según versiones de vecinos, la legisladora aseguró que el alumbrado público podría instalarse incluso en zonas donde no hay casas… ni habitantes… ni, con suerte, recibos de luz.

Porque claro, nada ilumina más el camino político que una selfie rodeada de promesas encendidas —aunque no haya postes donde colgarlas.

El pequeño detalle llamado Ramo 33

El entusiasmo choca con un obstáculo mínimo: la ley. Los recursos del llamado Ramo 33 están sujetos a lineamientos específicos que establecen que las obras deben beneficiar a población real, identificable y comprobable. Es decir, personas de carne y hueso, no terrenos baldíos, monte o futuros desarrollos imaginarios.

Pero en campaña permanente, los tecnicismos suelen verse como simples sugerencias decorativas.

Mientras a nivel federal se repite el mantra de la austeridad y la planeación con reglas claras, en territorio local la creatividad política parece haber encontrado un nuevo nicho: alumbrado público para colonias potenciales, prospectivas o, en el mejor de los casos, metafísicas.

La política del reflector… sin foco

Vecinos consultados expresaron desconcierto ante la facilidad con la que se ofrecieron soluciones inmediatas. Algunos señalaron que ni siquiera se explicó el procedimiento formal, los tiempos de ejecución o la viabilidad técnica.

Pero eso sí: la narrativa optimista quedó perfecta para redes sociales.

Porque prometer es gratis, mientras que cumplir requiere presupuesto, dictámenes, estudios y —detalle incómodo— auditorías.

Cuando llegan las cuentas

Especialistas en administración pública advierten que el uso indebido o la asignación irregular de recursos federales puede derivar en observaciones, sanciones e incluso responsabilidades administrativas. Dicho en términos coloquiales: la fiesta termina cuando llega la factura.

Y en política mexicana, las auditorías tienen la mala costumbre de no aceptar “buenas intenciones” como comprobante.

¿Despiste, estrategia o entusiasmo?

El episodio deja más preguntas que respuestas. ¿Fue desconocimiento de los lineamientos? ¿Un exceso de entusiasmo en gira territorial? ¿O simplemente la vieja práctica de prometer hoy y explicar mañana?

Lo cierto es que, en un contexto donde la narrativa oficial insiste en la eficiencia del gasto público, ofrecer obras sin sustento técnico resulta, cuando menos, arriesgado.

Luz… pero sobre la política

Al final, el caso de El Roble ilustra una constante del ejercicio público: las promesas brillan más cuando no se conectan a la realidad.

Porque sí, instalar luminarias puede iluminar calles… pero prometerlas sin base legal solo termina iluminando contradicciones.