“El Amigo Libo” quiere volver… ¿con nueva camiseta guinda y memoria selectiva?

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La calentura política por el regreso de Liborio Vidal Aguilar, mejor conocido como “El Amigo Libo”, sigue más viva que nunca, aunque no necesariamente por entusiasmo ciudadano, sino por la insistencia de su círculo cercano en reinsertarlo —como sea— en el escenario público.

Versiones que circulan en corrillos políticos apuntan a que operadores y simpatizantes del empresario-político empujan discretamente la narrativa de que “hace falta” su experiencia. Otros, menos románticos, se preguntan si ese regreso sería dentro de Morena, lo que implicaría un nuevo cambio de camiseta… uno más para la colección.

🧭 De partido en partido, como si fueran estaciones

Si finalmente decide sumarse al partido guinda, sería su quinta filiación política, un récord que algunos interpretan como pragmatismo y otros como evidencia de que, en la política mexicana, las convicciones caben perfectamente en una maleta de mano. El mensaje para sus fieles seguidores —los llamados “Libolovers”— sería contundente: hoy la lealtad ideológica es opcional, pero la supervivencia política no.

A sus 62 años, Vidal Aguilar —quien suele recordar que trabaja desde los 12— representa el arquetipo del político tradicional: el que disfruta las giras con porras, las manos estrechadas hasta el cansancio, los abrazos estratégicos y el inconfundible coro de aduladores profesionales que convierten cualquier acto público en festival de aplausos pregrabados.

💸 Política con presupuesto incluido

Fuentes críticas señalan que el empresario vallisoletano no solo aspira a un cargo, sino a todo lo que viene con él: salario robusto, prestaciones generosas y, sobre todo, control del presupuesto, esa herramienta mágica que convierte la gestión pública en plataforma de relaciones y favores. Tampoco faltaría —dicen— el séquito de operadores y aplaudidores encargados de mantener viva la marca personal del “Amigo Libo”, aunque fuera a base de nostalgia y marketing político.

🎭 ¿Regreso necesario o reciclaje oportunista?

Para algunos observadores, el intento de retorno responde menos a una demanda social y más a la lógica de supervivencia de una vieja guardia que se resiste a abandonar el ring. Para otros, se trata simplemente de la demostración de que en política no hay jubilación obligatoria, solo pausas estratégicas.

Por ahora, la moneda sigue en el aire. Lo único claro es que, si el empresario decide abrazar a Morena, no será precisamente un romance inesperado, sino más bien una relación por conveniencia mutua: el partido gana un operador con experiencia y el político obtiene una nueva plataforma desde donde volver a pedir —con sonrisa incluida— otra ronda de aplausos.