En la política yucateca hay personajes que pasan a la historia por sus logros… y otros que pasan sin pena ni gloria, pero cobrando puntualmente cada quincena. En este segundo grupo encaja perfectamente Raúl “Pacito” Paz Alonzo, hoy aspirante a la alcaldía de Mérida, aunque en su propio partido, Morena, lo tratan como un archivo olvidado en un cajón.
Mientras en redes presume recorridos, sonrisas forzadas y discursos reciclados, dentro de la Cuarta Transformación lo tienen en “congeladora política”. Nadie lo impulsa, nadie lo respalda y, peor aún, nadie lo toma en serio.
Un candidato sin partido… y sin capital político
El gran problema de Paz no es solo su pasado panista, sino su presente morenista: simplemente no existe. En Morena saben perfectamente que no posee capital político real, que en más de 25 años de carrera solo ha ganado una elección… y ni siquiera fue mérito propio.
Su único triunfo electoral ocurrió gracias al arrastre político de su entonces esposa, Cecilia Patrón Laviada. Sin ese respaldo, su historial es una larga lista de cargos obtenidos por relaciones, acomodos y favores.
La bendición de Adán Augusto y el exilio en el Canal del Congreso
Hoy, su principal “logro” es dirigir el Canal del Congreso de la Unión, una posición conseguida gracias al padrinazgo de Adán Augusto López. Un puesto cómodo, bien pagado… y estratégicamente inútil.
Desde ahí, Paz está más cerca de las cámaras que de los ciudadanos. Lejos de Yucatán, sin estructura, sin operadores y sin influencia, observa cómo otros actores políticos sí construyen proyectos reales.
En pocas palabras: cobra, pero no manda.
Dos décadas cobrando… casualmente
La carrera de Raúl Paz inició formalmente en 2001, cuando entró a la nómina federal. Casualidad o destino, en ese momento su cuñado, Patricio Patrón Laviada, era gobernador.
No hubo nepotismo —dicen—, solo una curiosa coincidencia familiar:
Patricio gobernaba, Cecilia cobraba en el Ayuntamiento y Raúl en delegaciones federales.
Durante 12 años, Paz vivió cómodamente del presupuesto público, exactamente los mismos 12 años que el PAN gobernó el país. Coincidencias que solo ocurren en la política mexicana.
Montana, horchata y “no es lo mismo ser que parecer”
En 2012 llegó a San Lázaro como diputado federal, nuevamente impulsado por Cecilia. Pero su carrera se tambaleó en 2014, cuando estalló el escándalo de la famosa reunión panista en Puerto Vallarta.
Entre música, alcohol y “chicas buena onda”, destacó Montana, quien se volvió símbolo del descontrol legislativo. Raúl Paz apareció en fotografías, recostado y sonriente, en plena fiesta.
Su defensa fue histórica por lo ridícula:
“No es lo mismo ser que parecer”.
Aunque las imágenes decían exactamente lo contrario.
Especialista en agandalles
Lejos de retirarse, Paz demostró ser un experto en sobrevivir políticamente. En 2015 se apoderó del Comité Estatal del PAN, obtuvo una diputación plurinominal y se convirtió en coordinador de bancada.
En 2018 se agandalló una senaduría. La perdió en las urnas, pero entró por la puerta trasera: el repechaje político.
Perder elecciones nunca ha sido obstáculo para cobrar.
De panista de carrera a morenista por conveniencia
Tras más de 20 años viviendo del PAN, en 2023 decidió “descubrir” la Cuarta Transformación. Renunció al blanquiazul y se mudó a Morena, no por convicción ideológica, sino por simple supervivencia.
Como muchos, cambió de camiseta esperando conservar privilegios.
En 2024 recibió como premio de consolación el Canal del Congreso. Nada más. Nada menos.
Un político con capital económico, pero sin respaldo social
En más de dos décadas, Raúl Paz no construyó una base ciudadana sólida, ni liderazgos, ni movimientos, ni simpatías duraderas. Lo único que sí consolidó fue su capital económico, producto de una larga estancia en cargos públicos.
En Yucatán lo conocen bien. Saben quién es, cómo llegó y cómo se ha mantenido.
Por eso no lo respaldan.
Rumbo al retiro anticipado
Hoy, mientras intenta venderse como opción para Mérida, en Morena lo observan con distancia. No lo impulsan, no lo promueven y no apuestan por él.
Incluso regidores locales tienen más margen de operación que él.
Todo indica que, si no ocurre un milagro político, 2030 marcará el final definitivo de su carrera. Y si se adelanta, nadie se sorprenderá.



